Los Diez Mandamientos de Dios, ¿Siguen vigentes? Veamos qué dice la Biblia.

En la vida cristiana es necesario tener un espejo. Un espejo que nos muestre realmente como está nuestra vida espiritual, que nos muestre como somos realmente. Al hacerlo, lo mas seguro necesitaremos de alguien que nos limpie; ya que el espejo por sí sólo no puede hacer más que mostrarnos nuestra condición, pero no puede limpiarnos. Para ello está Cristo. El espejo son los diez mandamientos, que nos dicen nuestra verdadera condición y la suciedad de nuestros vestidos. Y para ello murió Cristo, para limpiarte e implantar su ley en nuestra mente y nuestro corazón (Hebreos 10:16), sus vestiduras blancas para que no se descubra la vergüenza de su desnudez (Apoc. 3:18). Nuestro tesoro exalta esta Ley y nos muestra el camino a ella. ¡Descubrámoslo!

Es un tema que hoy en día no es muy mencionado dentro de las iglesias cristianas contemporáneas. A creado ciertas discusiones teológicas con respecto a ella, pero la Biblia muestra su naturaleza eterna, es tan eterna como Dios, un Dios que “es el mismo ayer, hoy y por los siglos” (Hebreos 13:8). Puede que la razón sea que hoy en día desde los tiempos de Hamurabi, luego la revolución francesa, hasta nuestros días se ha promulgado aproximadamente tres millones de leyes. Leyes que para la mayor parte de seres humanos, el simple hecho de mentarse así, leyes, suena como algo legal y tedioso de cumplir. Y nos equivocamos en atribuirle a los propósitos de Dios el de los hombres. Pensamos en Dios como un ser legal, que será un juez severo como lo que hoy en día vemos en las cortes terrenales. Y ello ya crea un prejuicio al escuchar la palabra ley.

Pero veamos realmente el significado de la ley de Dios.  Esta la encontramos en el la Biblia, en el libros de EXODO, capitulo 20. Primero en el preámbulo de la ley se encuentran estas palabras: “Yo soy Jehová tu Dios, que te saqué de la tierra de Egipto, de casa de servidumbre.” (Éxodo 20:2). Antes de poder Dios darle por escrito los Diez Mandamientos al pueblo de Israel, debían ser liberados de Egipto. Dios lo hizo, luego los santificó y por último tienen un encuentro personal con Dios, donde se les menciona los diez mandamientos que existían mucho antes que ellos nacieran, pero que habían olvidado. El preámbulo nos muestra que los diez mandamientos antes de ser leyes, son promesas de liberación, tal y como lo llamo Santiago “Ley de libertad” (Sant. 2:12).

¿Cómo es eso?

Primero, Dios es un Dios de libertad, nunca va a forzar ni obligar tu voluntad. En cambio el enemigo hará todo lo posible porque seas un esclavo del pecado y adivina que es el pecado, “pues el pecado es infracción de la ley” (1 Juan 3:4). Entonces la Ley de Dios viene a ser un regalo de salvación para la humanidad. Te explico en otras palabras, a ti te gusta mentir y te gozas mintiendo hasta que un día recapacitas y te das cuenta que mentir te hace sentir mal y te esclaviza al remordimiento. Pero por más que quieras no puedes cambiar, y por más que busques salvación en la ley de Dios sigues igual. Entonces allí es donde viene Cristo a cambiar tu corazón y te libera del pecado, o sea la transgresión de la Ley. Él es quien te saca de la tierra de Egipto (el pecado), y te da libertad.

¿Pero cual es el fin de los diez mandamientos?

Primero, lo que en el Antiguo Testamento eran letras, en el nuevo se hizo carne. Cristo es la ley de Dios viva, ya que no ha habido hombre alguno que pudiera cumplir los diez mandamientos como Cristo lo hizo. Cristo mismo lo declaro al decir: “No penséis que he venido para abrogar la ley o los profetas; no he venido para abrogar, sino para cumplir.” (Mateo 5:17). Y El mejor que nadie nos puede explicar el fin de los Diez Mandamientos.

“Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. Este es el primero y grande mandamiento. Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. De estos dos mandamientos depende toda la ley y los profetas.” (Mateo 22: 37-40)

El resumen de los diez mandamientos es este: El amor. Por ello Pablo nos dice: “el cumplimiento de la ley es el amor.” (Romanos 13:10, ver Gal. 5:14) Y así se resumen los diez mandamientos:

 

Amor a Dios

Éxodo 20:3-11

Amor al prójimo

Éxodo 20:12-17

  1. No tendrás dioses ajenos delante de mí.

5. Honra a tus padres

  1. No adorarás imágenes.

6. No matarás

  1. No tomaras el nombre de Dios en vano.

7. No adulterarás

  1. Guardaras el Sábado tú y tu prójimo.

8. No robarás

9. No mentirás

10. No codiciaras

 

Como ves, el cumplimiento de la ley es el amor, el amor verdadero tanto para Dios como para nuestro prójimo. Visto de esta manera, si yo amo a Dios no voy a tener otros dioses, si lo amo voy a pasar los Sábados junto a Él. Igual manera con el prójimo, si lo amor no lo voy a matar, si lo amo no le voy a mentir, etc. En ello se resume la ley y los profetas, así lo dijo Cristo. El fin de todo es el amor y queda mas que demostrado en que Dios diera a su hijo por amor, para que lo logremos conocer y dejemos que Él transforme nuestra vida a la medida de la ley.

Y como vimos anteriormente son Promesas de felicidad y amor, ¿porqué promesas?, porque si guardamos esos mandamientos estaremos cubiertos y evitaremos muchos sufrimientos  ya que fueron especialmente diseñados para garantizar nuestra felicidad. Por ejemplo si guardamos en nuestra vida el mandamiento: No cometeras adulterio,  sabremos que no tendremos que sufrir las tristes consecuencias de un divorcio o causar tristeza a nuestro conyuge e hijos o de sufrir enfermedades, hay muchas tristes consecuencias de este pecado el cual Dios en su infinito amor nos quiere librar.

Ahora veamos lo siguiente:

“Porque el fin de la ley es Cristo” (Rom. 10:4). Este es un versículo del cual muchos argumentan para decir que Cristo, en su muerte anuló los diez mandamientos y por lo tanto ya no tienen vigencia. Pero la palabra griega utilizada aquí es la palabra telos, que se utiliza también en otros versículos por ejemplo: “Están alcanzando la meta (telos) de su fé, que es salvación” (1 Pedro 1:9). “El propósito (telos) de este mandamiento es el amor nacido de corazón limpio.” (1 Tim. 1:5). Entonces a lo que se refiere Pablo aquí es que la “meta”, el “propósito”, el “objetivo” o el “fin” es Cristo. Ya que como decíamos al principio solamente Él es quien nos puede limpiar del pecado. Limpiar así como lo hizo con Pablo quien dijo: “¿Qué diremos, pues? ¿La ley es pecado? En ninguna manera. Pero yo no conocí el pecado sino por la ley; porque tampoco conociera la codicia, si la ley no dijera: No codiciarás.” (Rom. 7:7). Pablo conoció el pecado de su ser por medio de la ley y el fin o la meta fue Cristo, quien lo limpió de todo pecado (1 Juan 1:7).

Cristo no vino a invalidar su ley, es tan eterna como Él mismo y Él estableció sus mandamientos para siempre (Salmos 119:152).  El vino a salvarnos de nuestros pecados. Recuerda, el enemigo está airado contra aquellos que guardan los mandamientos (Apoc. 12:17). Hará todo lo posible para querer invalidar eso, y decir que los mandamientos de Dios dejaron de tener vigencia el día de su muerte. Eso si, no podemos salvarnos por las obras de la ley (Rom. 3:20), pero una fe sin obras es muerta (Sant. 2:7). Nuestra fe tiene que verse reflejada por nuestras obras, y así demostrar al mundo que Cristo vino a exaltar la ley de Dios, pero por el amor que tengo por Él y por mi prójimo.

Y como Jesús mismo dijo “Si me amáis guardad mis mandamientos.”  Juan 14:15

El más grande capítulo de la Biblia (Salmo 119), exalta completamente la ley de Dios, te invito a leerlo. Y por ultimo te dejo todos aquellos beneficios que te concede la obediencia amorosa de los diez mandamientos:

La ley de Jehová es perfecta, que convierte el alma;

El testimonio de Jehová es fiel, que hace sabio al sencillo.

Los mandamientos de Jehová son rectos, que alegran el corazón;

El precepto de Jehová es puro, que alumbra los ojos.

El temor de Jehová es limpio, que permanece para siempre;

Los juicios de Jehová son verdad, todos justos.

Deseables son más que el oro, y más que mucho oro afinado;

Y dulces más que miel, y que la que destila del panal.

Tu siervo es además amonestado con ellos;

En guardarlos hay grande galardón.

(Salmo 19:7-11)

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