Uno de mis personajes favoritos de la Biblia y que es muy mentado en el mundo cristiano hoy en día, es José. Que espectacular personaje, una vida llena de oprobios y aflicciones pero aun así Dios lo sostuvo hasta el final. Claro ejemplo de quienes mantienen su fidelidad, abren una enorme brecha en nuestra vida para que Dios obre. La salvación de nuestras vidas, depende tanto de nuestra voluntad y fuerzas unidas a las de Dios.
¿Pero como funciona esto? Como hemos visto, el pecado es la principal característica de nuestra naturaleza. Simplemente nos inclinamos constantemente a lo que no queremos hacer. Bien lo dijo Pablo: “pues no hago lo que quiero, sino lo que aborrezco, eso hago… Y si hago lo que no quiero, ya no lo hago yo, sino el pecado que mora en mí.” Romanos 7:15,20. En otra ocasión el Rey David, al arrepentirse de su enorme pecado cometido dijo: “en pecado me concibió mi madre.” Salmo 51:5. ¿Pero como es esto? ¿Desde cuando somos así? Vayamos al principio.
“Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios los creó.” Gén. 1:27.
El relato Bíblico nos dice que Dios creó a la humanidad a su imagen, tanto física como espiritualmente hablando. En pocas palabras éramos perfectos como Dios al principio. Como ya estudiamos, el hombre cedió su voluntad al enemigo y desde allí nuestra naturaleza se degrado. Como resultado, dejamos de tener la imagen y semejanza de Dios y ahora tenemos la de Adán pecaminoso. ¿Cómo sabemos eso? Veamos un poco mas adelante, a imagen de quien fueron los hijos de Adán, o sea tú y yo:
“El día en que creó Dios al hombre, a semejanza de Dios lo hizo… vivió Adán ciento treinta años, y engendró un hijo a su semejanza, conforme a su imagen, y llamó su nombre Set.” (Gén. 5:1,3)
Ves como ahora somos a imagen y semejanza de Adán. Desde el momento que nació el primer hijo de Adán, poseemos la naturaleza corrompida de la cual somos parte nosotros. Basta ver a un niño con un juguete. Si su amiguito no le presta el suyo, lo que hace es agarrar los suyos y con voz orgullosa pronuncia: “mio”. Así somos, orgullosos y egoístas por naturaleza. Totalmente en contra del carácter de Dios. Pero ahora mira, Dios ya sabía que tú nacerías con esa naturaleza y hoy te da la oportunidad de revocarla. Eso si, en este mundo será una continua lucha.
Desde un principio, antes de la caída del hombre, vemos a Dios pronunciando una ley y mostrando el resultado de su desobediencia. Los diez mandamientos existen mucho antes de la creación de este mundo, ya que como vimos, Satanás peco y “el pecado es infracción de la ley.” (1 Juan 3:4). Entonces la santa ley de Dios, que sabiamente esta resumida en un decálogo, es el carácter de Dios; la imagen misma de Dios, que perdimos desde que nacemos. Entonces ¿Habrá salvación? Si la hay. Pon atención.
Ya vimos que nacemos con una naturaleza corrompida, preparada para hacer el mal. Y esta naturaleza tomo Dios mismo. Dios nació de una mujer como todos nosotros, y comenzó a ser victima de las artimañas de Satanás al igual que nosotros; pero nunca peco y ¿Cuál fue la diferencia? ¿Qué hizo para nunca pecar? La respuesta esta en estas hermosas palabras:
“No puedo yo hacer nada por mí mismo; según oigo, así juzgo; y mi juicio es justo, porque no busco mi voluntad, sino la voluntad del que me envió, la del Padre. “ S. Juan 5:30.
“No penséis que he venido para abrogar la ley o los profetas; no he venido para abrogar, sino para cumplir.” Mateo 5:17.
Cristo continuamente, si lo leemos en los evangelios, hizo la voluntad de quien lo envió. Vino a demostrar el amor en toda su pureza. Vino a vivir la ley que nosotros transgredimos por naturaleza, a cumplir una ley resumida en amor ya que “el cumplimiento de la ley es el amor.” Rom. 13:10. ¿Ahora como podemos hacerlo nosotros?
Haciendo la voluntad del Padre, tal y como lo hizo Cristo por nosotros. Dependiendo continuamente lo que Él manda para cada día.
Pero ahora hay un problema. Nuestra naturaleza crea una separación con Dios. Por ello Adán y Eva fueron expulsados del Edén, no porque Dios lo quisiera, sino que el pecado es tan horroroso y contradictorio con Dios que no puede habitar ni una mínima de él ante su presencia. ¿Cómo podremos depender de Dios, sino podemos estar ante su presencia? Oh, la respuesta es Cristo. Cristo es la escalera que nos conecta al cielo y por ello estas palabras resuenan hoy en día:
“Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí.” S. Juan 14:6
“Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo, no tomándoles en cuenta a los hombres sus pecados, y nos encargó a nosotros la palabra de la reconciliación.” 2 Corintios 5:19
No podemos presentarnos personalmente ante Dios, es tan puro su carácter que no soportaríamos tanto amor siendo pecadores. Pero Cristo si puede, Él puede llevar tus pecados ante el Padre y pedir perdón por ellos. Mostrando las heridas en sus manos y su costado, los lleva hacía Él como propiciación por ellos. Cada acto de amor hecho por Cristo en este mundo, era un hilo que tejía un manto de justicia para que tú lo puedas poseer. Por ello dice:
“Por tanto te aconsejo que de mi compres… vestiduras blancas para vestirte, y no se descubra la vergüenza de tu desnudez.” Apoc. 3:18.
Él posee esas vestiduras, nosotros por nuestra propia justicia nunca podremos. Isaías se refiere a nuestra justicia “como trapo de inmundicia” Isaías 64:6. Sucios, necesitados de una nueva. Y la promesa es:
“De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas.” 2 Corintios 5:17
Amigo, ¿quieres ser limpio de toda maldad?, tan solo hay poder en mi Jesús.
Hoy es el día el cual Dios promete darte una vida como la de José. Imperfecto como nosotros pero que su fuerza humana se unió a la Divina. Ello hizo la diferencia, ello es lo que hará la diferencia en tu vida.
Analiza tu vida a la luz de los diez mandamientos, si te encuentras sucio solo clama a Cristo y te dará tus nuevas vestiduras. Créelo.




